Tecnología y cultura. Entrevista a Antonio Rodríguez de las Heras

Antonio Rodríguez de las Heras

Antonio Rodríguez de las Heras es catedrático de Historia Contemporánea y director del Instituto de Cultura y Tecnología de la UC3M. Ha sido nombrado recientemente doctor honoris causa por la Universidad de Extremadura (Uex).  Su trabajo se centra en los efectos socio-culturales de la innovación tecnológica.

Tu ámbito de estudio se centra en las humanidades digitales, ¿qué son y cómo ha ido evolucionando este concepto en los últimos años?

Una oportunidad para detener la divergencia creciente entre ciencia y tecnología por un lado y las humanidades por otro. Una oportunidad para que las humanidades encuentren su lugar en una sociedad conformada por la ciencia y la tecnología. Un reto para que esas líneas no solo dejen de ser divergentes, y vayan paralelas, sino que se trencen.

La tecnología vuelve obsoleto inmediatamente todo lo que toca, ¿cómo preservar la consistencia y la identidad en el ámbito humanístico, sin caer víctimas de las modas? ¿Es una cuestión de gadgets o de concepto?

Como te decía, es una oportunidad, pero que hay que evitar que se degrade por el oportunismo; por el oportunismo de la moda académica. «Digital» no es una pegatina que se aplica sobre lo de siempre. Ni la tecnología es solo cosa de artefactos; ni las humanidades digitales se reducen a la incorporación de algunos de ellos para seguir haciendo lo mismo.

¿Cuáles son las transformaciones más significativas que la tecnología ha provocado en los ámbitos de la cultura y la educación?

La ciencia y la tecnología han transformado tan rápida e intensamente el mundo —y es solo el comienzo— que ha desquiciado la cultura establecida; y con sus valores y visiones resulta imposible hacernos con el mundo que hemos creado. De ahí el creciente malestar y la confusión que da el sentir que no controlamos la situación. La revolución de este siglo XXI será la cultural, por encima de los profundos cambios económicos, políticos y sociales, porque es cuestión de supervivencia. Y en cuanto a la educación, el sueño del «aula sin muros» se hace más realizable y sugerente, más transformador, que cuando la intuyó McLuhan.

¿Cuáles son los retos que la tecnología digital plantea a las instituciones educativas?

Si el reto fuera el de amueblar con tecnología los espacios educativos, la tarea no sería muy difícil. Pero es que la tecnología no es utillaje, sino afectación. Afecta, como ya lo estamos comprobando, a las personas, desde sus habilidades a —y eso es lo más importante— su mentalidad. Así que el reto educativo es estar preparados para recibir no artefactos cada vez más sofisticados, sino personas cada vez más afectadas por el mundo tecnocientífico en que viven.

¿Está la ciudadanía más informada en la actualidad o simplemente consume más datos?

El hambre ha sido compañera de viaje del ser humano. Pero desde hace muy poco tiempo hemos pasado bruscamente, en las regiones privilegiadas del planeta, de la carencia crónica al exceso. De igual modo, la información ha sido alimento muy escaso para el cerebro, que la necesita más que las proteínas para desarrollar sus potencialidades. Hemos vivido confinados en el valle de la cotidianidad. Y de repente, con igual brusquedad, sin solución de continuidad, hemos saltado de buscar con esfuerzo la información escasa a estar permanentemente traspasados por la información. Estos dos fenómenos han sucedido casi de modo simultáneo, y el exceso es ahora el problema. Así que hoy el desafío está en metabolizar la información; y para ello no está aún bien centrada la educación, acostumbrada a compensar en sus aulas la carencia de información que había fuera.

¿Qué significa ser humanista hoy?

Ser transdisciplinar. La complejidad de este mundo, a diferencia, de la complicación, ni se puede trocear ni abarcar, solo recorrer, como un territorio ilimitado.