Elogio de Juan Carlos Lasheras

J.C. LasherasLa UC3M quiere recordar al profesor Juan Carlos Lasheras, fallecido recientemente y que fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad el 28 de enero de 2011. Dos profesores de la UC3M, José Luis Jorcano y Javier Rodríguez, han escrito una semblanza del brillante científico y entrañable persona.

Elogio de Juan Carlos Lasheras

Para los que tuvimos la serte de conocer a Juna Carlos Lasheras, las noticias de su enfermedad y rápida muerte en La Jolla, California, a los 69 años de edad, fueron un shock, por inesperadas -su condición física y mental y su edad no lo presagiaban – y por dolorosas.

No es fácil resumir los méritos y los reconocimientos que Juan Carlos obtuvo en su vida. Y, sin embargo, estos apenas rivalizan con el cariño, respeto y reconocimiento de todos los que tuvimos la suerte de trabajar con él. Sin duda un científico imaginativo y brillante, capaz de enfrentarse a problemas complejos, a la vez que gran mentor y educador, afable y excelente comunicador. Para los que más cercanamente le trataron era más que eso: era un amigo cercano, un querido colega. Para los que trabajaron en su grupo en San Diego, un padre de su gran familia científica.

Lasheras, valenciano que pasó su juventud cerca de la base aérea de San Javier (Murcia), donde su padre era coronel meteorólogo, empezó sus estudios en la Escuela de Ingenieros Aeronáuticos en Madrid. Sin embargo, no lo tuvo fácil debido a la prematura muerte de su padre, que le obligó a retornar a Murcia a ocuparse del negocio familiar y sustento de su familia: una academia para la preparación de futuros cadetes del ejército del aire. Aunque, obviamente, no pudo asistir a las clases universitarias en Madrid, Juan logró graduarse entre los mejores de su clase utilizando los “apuntes” enviados por sus compañeros de clase.

Tras graduarse, obtuvo una beca Guggenheim para realizar los estudios de doctorado en Princeton bajo la dirección de Irv Glassman, científico muy reconocido en el ámbito de la combustión. Su trabajo pionero captó la atención del departamento de investigación de la corporación Shell, que lo contrató en 1981 para dirigir el grupo de combustión del laboratorio de Amsterdam.

Regreso en 1983 al Departamento de Ingeniería Mecánica en la Universidad del Sur de California (USC), donde trabajó en problemas de dinámica de fluidos relacionados, entre otras materias, con aplicaciones de propulsión aeroespacial. Fue durante su estancia en Los Ángeles cuando conoció a Alexis, con quien se casó en 1985 y a la que ha permanecido unido hasta el final. Si decíamos antes que Juan era el padre de la familia científica de todos los que trabajaron en su grupo en San Diego, Alexis ha sido, sin lugar a dudas, la madre.

En 1990 se incorporó al ahora departamento de Ingeniería Mecánica y Aeroespacial (MAE) de la Universidad de California en San Diego (UCSD), donde permaneció hasta el presente y desarrolló numerosas líneas de investigación que le llevaron a convertirse en el Profesor de Ingeniería o Ciencias Aplicadas Stanford y Beverly Penner, presidente de MAE (1999-2004), y decano interino de la Escuela de Ingeniería Jacobs (2012-2013).

En la primera parte de su carrera Juan hizo importantísimas contribuciones a la Mecánica de los Fluidos. En particular, en problemas de turbulencia multifásica -con coexistencia de gas y líquido-atomización, combustión y mezclado en flujos turbulentos. Armado con su profundo conocimiento de Mecánica de Fluidos y métodos experimentales, Juan saltó al estudio de problemas biomédicos, en un principio relacionados con la hemodinámica, una de las fronteras entre la Mecánica de Fluidos y la Biomedicina. Aparentemente este salto estuvo impulsado por la temprana muerte de dos de sus hermanas. En este campo desarrolló una brillante y prolífica carrera trabajando en las interfaces entre la mecánica, la biología y la medicina, actividad multidisciplinar en la que creía fervientemente. “La ingeniería como conjunto de teorías y de técnicas que permiten el aprovechamiento práctico del conocimiento científico debe ser una actividad altamente pluridisciplinar. Con el creciente aumento del conocimiento científico y de las técnicas de cálculo, el gran reto al que nos enfrentamos en el siglo XXI es rediseñar el sistema educativo y de investigación para que, manteniendo la especialización necesaria para el progreso tecnológico en áreas ya establecidas, se fomente a su vez la confluencia de ideas y las actividades pluridisciplinares esenciales para la creación de nuevas tecnologías”.

Entre sus logros en el campo biomédico cabría destacar sus estudios sobre la compleja interacción entre los estímulos mecánicos y la fisiopatología de la remodelación vascular, responsable del agrandamiento de los aneurismas cerebrovasculares y aórticos abdominales. O su patente (de entre las casi 50 que poseía) de un catéter de enfriamiento endovascular de sangre, el primer dispositivo aprobado por la Food and Drug Administration de los EEUU para enfriar rápidamente la temperatura corporal después de un paro cardíaco, para proteger el cerebro del daño resultante. En los últimos años desarrolló también trabajos de gran importancia básica, tanto experimentales como de modelización, relacionados con la mecánica, la mecano-transducción, y la migración e invasión celulares. Su capacidad para abordar problemas complejos le permitía tamaña versatilidad. Una de sus dotes más asombrosas era lo rápidamente que se hacía con un problema nuevo, cómo llegaba a comprender su esencia y era capaz de explicarla con igual rigor a otros profesores y a estudiantes; o a médicos y a ingenieros por igual.

A esta versatilidad y capacidad de adentrarse en problemas nuevos con éxito se le sumaba otra característica esencial del Juan científico: su obsesión por la relevancia y la utilidad de sus trabajos para la sociedad. Cuando sentía que las contribuciones centrales en un campo ya estaban hechas, no dudaba en avanzar a otro campo más fértil en hallazgos por hacer. Así, por ejemplo, cuando comprendió que la dinámica de los aneurismas había llegado a su límite de avance de conocimiento si no se tenía en cuenta la mecánica del tejido celular que constituye los vasos sanguíneos, no dudó en comenzar de cero en el campo de la biología celular. Esa visión de cuál es en cada momento el problema relevante a estudiar es una de las raíces de su éxito científico. Y sin duda una fuente de inspiración para sus colegas y discípulos, que hemos admirado su valentía a la hora de saltar a un problema nuevo cuando se encontraba ya asentado en una temática. Esa inquietud y apetito por descubrir cosas nuevas le ha acompañado toda su vida. Su carrera científica, de hecho, comenzó en parte así: tomó la decisión de irse a los EEUU cuando en la universidad donde cursó los estudios le vaticinaron, dadas sus capacidades, una brillante carrera académica.

Tan extensa y relevante actividad recibió numerosos e importantes reconocimientos, cuya enumeración hubiera bastado para definirlo como científico: Recibió el “Frenkiel Award for Fluid Dynamics from the American Physical Society (APS) en 1990, el “2003 Breakthrough Innovation in Medical Sciences”. Era miembro de la de la Academia Nacional de Ingeniería y de la Academia Nacional de Inventores, ambas de EE.UU., así como miembro correspondiente de la Real Academia de Ingeniería de España y Miembro de la Sociedad Estadounidense de Física, de la que fue miembro del Consejo Ejecutivo. Fue nombrado Doctor Honoris Causa por nuestra Universidad Carlos III en Enero de 2011 y por la Universidad Politécnica de Madrid en Octubre del mismo año.

Aunque pasó toda su vida profesional en el extranjero, mantuvo un vínculo estrecho con España. Siempre atendió gustoso los requerimientos que le hicieron instituciones españolas para proporcionar su consejo, colaboración y ayuda en cuestiones académicas o científicas.

Para nuestra suerte, mantuvo una intensa y constate colaboración con nuestra universidad a la que, en su discurso de investidura como Doctor Honoris Causa calificó como “una universidad joven, dinámica y llena de energía”. Como hechos destacables figuran los siguientes:

A finales de la primera década de los años 2000, jugó un papel fundamental en la promoción, la definición y la organización del grado de Ingeniería Biomédica de nuestra universidad, y del correspondiente Departamento de Bioingeniería, en el momento actual fusionado con el de Ingeniería Aeroespacial. Y lo hizo siguiendo su innovadora visión: “Es indiscutible que el siglo XXI se perfila como el “siglo de la biología y de la medicina”, en el que los científicos y técnicos nos enfrentamos al gran reto de transformar las llamadas ciencias de la vida, que hasta hoy han sido altamente descriptivas, en ciencias cuantitativas y exactas. Este reto exige la creación de una actividad interdisciplinar que promueva la confluencia de ideas y agilice la integración de los avances científicos en física, matemáticas, y en la biología y la medicina. La Ingeniería Biomédica, como ciencia aplicada, debe jugar un papel fundamental en esta integración”. Creo que es imposible exagerar la generosidad y la pasión con la que Juan se entregó al proyecto de crear el grado en Ingeniería Biomédica en nuestra universidad. Todo el entusiasmo, el tiempo y la energía que dedicó al proyecto tuvo como motivación principal ver uno de sus sueños hecho realidad: que España contara con un grado en Ingeniería Biomédica, al estilo de los muy exitosos existentes en los EEUU.

Otra de sus características fue tratar de reclutar a los mejores en cada campo. Esta búsqueda hizo honor a uno de sus principios: “la persona mediocre trata de rodearse de gente igual o inferior, la persona brillante quiere a su lado a los mejores, de ser posible, mejores que él”. Este principio le conducía a otro que también repetía hasta la saciedad: “mis mayores éxitos no son los míos, sino los de la gente que se ha formado conmigo”. Es difícil imaginar todo el esfuerzo, interés y cariño que Juan ha puesto siempre en asesorar y apoyar a sus discípulos en su desarrollo profesional (¡y personal!). A la vista de esto supongo que se entiende el sentimiento de soledad que ha dejado entre los que pertenecieron alguna vez a su familia científica.

La colaboración, y el apoyo, de Juan al proyecto de Ingeniería Biomédica en la UC3M no terminó con la creación del grado. Entre Marzo de 2014 y Junio de 2015 fue Catedrático de Excelencia de nuestra universidad, pasando dos cuatrimestres interactuando con numerosos departamentos y trabajando con los grupos de Bioingeniería en la definición de nuevas líneas de trabajo que todavía hoy siguen dando lugar a publicaciones. Finalmente, en 2017 fue miembro del Consejo Asesor del recientemente puesto en marcha Grado en Ingeniería Física, siendo, como siempre, sus consejos desinteresados, muy valiosos y pensando en ayudar a que nuestra universidad fuese sobresaliente y generara los mejores profesionales en cada campo.

Aunque lo hayamos perdido, celebremos el ejemplo que nos ha dejado: la inspiración y la pasión por la ciencia, la búsqueda de la relevancia y el rigor, y su ejemplo poniendo a las personas siempre por delante.